-Qué grande es hoy la luna.
-Es verdad. Qué luna más hermosa. Cuando está así se llama luna llena.
Eran más nutridos y vocingleros los grupos que iban hacia Álvarez de Castro cuando el tranvía se alejaba llevándonos de vuelta hacia la calle de Carretas, y la luna se quedaba allí, sobre el cielo de la verbena. Yo, arrodillado sobre el banco de madera, la veía alejarse, hacerse pequeña.
-Ya no se la ve, abuelita.
-Se ha quedado en la verbena.
Pero al llegar al final de nuestro trayecto, ¡qué gran sorpresa!, encimita de la Puerta del Sol, estaba la luna, redonda y contenta, con ojos, nariz y boca.-¡Mira, abuelita, otra luna, otra luna! -No, no es otra; es la misma.
-¿La misma? Entonces ¿ha venido con nosotros? -Claro.
-¿Y ya no está en la verbena-Sí, hombre; está en los dos sitios. -¿Cómo puede ser eso?
Y no pudo responderme. No pudo explicarme por qué la luna podía estar en dos sitios al mismo tiempo. Creo yo que le habría sido fácil decirme que si nos íbamos a la plaza de Santa Ana, allí la encontraríamos; si al Palacio de Oriente, donde por las mañanas veíamos la parada, allí la encontraríamos también; que a cualquier sitio al que yo me marchase, la luna iría conmigo. Le habría sido fácil decirme que todo lo que está demasiado lejos, como los muertos, los recuerdos y la luna, no puede nunca separarse de nosotros."
(El tiempo amarillo. Fernando Fernán Goméz)
Así que, ahora que está demasiado lejos, Don Fernando no podrá separarse nunca de nosotros,... como no lo hizo tampoco mientras vivió...
servido por palpito
2 comentarios
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Jana dijo
Que bonito
Lo más emotivo que he leído de todo lo que se ha dicho estos días sobre él.
Hacía tiempo que no me pasaba por aquí, mal hecho. Saludos pálpito , un fuerte abrazo
28 Noviembre 2007 | 09:20 AM