En la puerta de Ordesa: Torla
Costó llegar, la carretera no se acababa nunca, l
os quiebros y requiebros nos llevaban al rincón más recondito de un pirineo que no conociamos,
El corazón de las tinjieblas mostraba su lado inverso,
poco a poco iban quedando atrás las salvajadas de estos días
y solo aparecía delante el verde con su inocencia,
los gritos se acallaban y solo el ulular de del vientop sobre los pinos hacia que un claro olor a savia y resina nos envolviese...
y terminara de alejarnos de un mundanal ruido...
