Un ojo, uno de los grandes: Weegee

"Parte de su talento consistía en mirar lo que no era obvio, en estar atento a las posibilidades del azar.
Delante de un cine, policías y curiosos rodean el cadáver de alguien que ha muerto en un accidente de tráfico, y Weegee retrocede para incluir en el plano la marquesina en la que se ve el título de la película, The Joy of Life.
Un edificio arde y en mitad de la fachada, entre el humo y los chorros de agua de los bomberos, se ve un anuncio de salchichas: "Añadir solo agua hirviendo"."
"Cuántas historias posibles. Cuántas maneras de contarlas. Y qué poca necesidad de inventar cuando se reconoce que muchas de las mejores historias no las ha inventado nadie, y que lo que hace falta no es urdir un argumento para imponerlo como una rejilla o un molde sobre el desorden de los hechos sino encontrar el tono, el lugar desde el que se inicia el relato, la conexión íntima entre el narrador y la historia."
Esto que dice Muñoz Molina en otro artículo vale también para este...
