Pereña.
"Hace tiempo que descubrí que cuando pregunto a alguien sentado ante mí ¿qué le pasa?, me dirijo a alguien que existe" -escribe-, "alguien perplejo ante la vida", "que quiere aprender a vivir o saber cómo sería posible vivir sin hacer daño".
"Pero también, con demasiada frecuencia -añade-, alguien ofendido y solicitando venganza en nombre de una justicia inexistente o gimiendo en la oscuridad de la falta de deseo".
"No pregunto a una categoría psicopatológica, sino a una persona igual que yo -explica-, marcada de parecido desamparo o parecida aflicción, pero a la vez insustituible, a la que yo no puedo suplir".
